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Contrato inteligente o smart contract.

Contrato inteligente o smart contract.
Contrato inteligente o smart contract.
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Contrato inteligente o smart contract… parece un término sacado de alguna película de ciencia ficción, y es que cada vez más se habla de las cryptomonedas (sobre todo de la más extendida o famosa, el archimencionado bitcoin)

Generalmente se habla de uso especulativo por las revalorizaciones de infarto que este tipo de “activos financieros” presenta; (entrecomillo lo de activo financiero, ya que realmente no hay ningún activo detrás de una cryptomoneda; si nos …ponemos a mirar, quizá tampoco lo haya detras de las monedas fiat, pero al estar éstas respaldadas por sus repectivos bancos centrales, así se están considerando las últimas).

Hoy no obstante, voy ha hacer una pequeña reflexión sobre el lado menos conocido de este tipo de “útiles comerciales”: el smart contract o contrato inteligente. Lo haremos sobre la cryptomoneda más extendida en cuanto a esta utilidad, el Ethereum, si bien, aplica a cualquier cryptomoneda en su blockchain. ¿Pero que es esto de blockchain? intentando simplificar al máximo,

Una blockchain es un conjunto de libros contables digitales, codificados cada uno por un hash o código critográfico, donde se almacenan transacciones digitales cuya modificación de cualquier información recogida en tales bloques, implicaría el conocimiento y falta de validación de toda la cadena).

Básicamente, un contrato inteligente o smart contract es una transacción ejecutada automáticamente en cuanto se cumplen una serie de requisitos de la red Ethereum. En este punto vamos a deternenos, porque se hace necesario una cierta abstracción mental: percibimos las cryptomonedas como dinero, y no tiene porque ser así necesariamente. El dinero es un depósito de valor, pero si por ejemplo nos dan un golpe leve con el coche, pudiera ser que lo mismo nos dé que nos den el importe del arreglo en metálico, o que gracias a nuestro seguro en smart contract, se nos indemice, nos den un vehículo de sustición, nos lleven nuestro coche al taller, etc, sin tener que realizar nosotros ninguna gestión.

Por ejemplo, un ciudadano, dispone de 100 ETH depositados en un contrato inteligente pactado con una compañía de seguros. Si el seguro cumple con las condiciones del contrato, este se ejecutará automáticamente transfiriendo la indemnización (pongamos 5 ETH) a su monedero. Obviamente, el contrato inteligente o smart contract verifica que este ciudadano esté diciendo la verdad, y la contrapartida contractual, es decir, el seguro, también puede validarlo automáticamente a través de mecanismos como las bases de datos centralizadas y/o registros electrónicos, que toman o podrían tomar y compartir información y nutrir estos contratos inteligentes.

Lo reflejado en el párrafo anterior, sin duda, es una proyección de futuro que roza la ciencia ficción; no se producirá si no implica una evolución muy grande en el tejido productivo y una nueva concepción de los negocios, paradigma que muchos empiezan a concebir ya como la nueva economía. Sin entrar en otra de las grandes utilidades de las cryptomonedas, la privacidad, una transacción de este tipo, conlleva la acción algorítmica automática, y como tal, salvo consentimiento o autorización legal, las decisiones automatizadas producirán efectos jurídicos en sus intervinientes.

Así pues, además de la transacción privada, habrá de comunicarse tal incidencia al organismo correspondiente del sector pública, o éste va a quedar a expensas de que dichas partes comuniquen en su declaración la acción del accidente de coche. Ello conlleva a la necesidad de vinculación entre el sector público y privado en cuanto a transacciones automatizadas se refiere, y pone de manifiesto que en la nueva economía, la distancia entre lo público y lo privado, debe acortarse (y así ya parece que la administración general del Estado lo está percibiendo).

Todo este tipo de transacciones, que seguramente cada vez vayan aumentando en cuantía con el paso de los años, deberán cumplir una serie de requisitos en los que no voy a profundizar; algunos de ellos sí que podemos mencionarlos de pasada:

Autenticación: Acreditación por medios electrónicos de la identidad, que proporciona voluntad expresa en sus operaciones, transacciones y documentos, así como la integridad y autoría de todos ellos.

Autenticidad: Propiedad que atribuye a un documento, transacción u operación, que sobre la misma, puede probarse que es lo que afirma ser.

Identidad: Características que identifican de manera única y distinguen del resto.

Integridad: Esta característica, ya sea referida a documentos, contratos, propiedades o incluso características de cualquier cosa, implica que éstas tienen carácter completo y  son exactas no habiéndose alterado en ninguno de sus aspectos esenciales. Junto con la identidad, conforman el binomio esencial de la autenticidad.

En el ejemplo, el ciudadano y la companía de seguros, comparten el mismo protocolo verificado bajo una plataforma común de intercambio informativo, que conforman su relación como de forma honesta e íntegra; hoy por hoy, simplemente firmamos (a veces ya ni eso), y este aspecto se dá por sentado.

Validación: Proceso de verificar y confirmar la validez.

Si el seguro hace 50 pruebas aleatorias sobre las condiciones del contrato y 100 sobre la veracidad de la información suministrada por el ciudadano en su siniestro, las probabilidades de que el ciudadano engañe a su seguro serían menores al 0,5%. Si además podemos incluir informe de los cuerpos de seguridad, más estaremos colaborando con la justicia y los derechos del asegurado en este caso.

Conocimiento cero: Esto sí es una característica nueva (y muy compleja de explicar aquí), en lo referente a la privacidad, cuando esta característica se haga necesaria. Por conocimiento cero podemos entender la forma en que una persona trata de demostrar a otra que sabe algo, sin enseñarle o transmitirle ese algo. 

Como tomadores del seguro, nunca se revelarán los pasos de cumplimiento de éste para rezarsirnos del siniestro (ni seguramente nos importe); pero el seguro sí que puede realizar las pruebas que necesite para verificar que el tomador no miente.

Hemos expuesto un caso de un seguro, pero muy probablemente la madurez de este tipo de contratos se extienda a multitud de ámbitos. Ciertamente no sé ni cuando ni cómo ni de qué forma, pero sí que parecen estar sentándose las bases tecnológicas de algo que cambiará radicalmente la forma en que realizamos los intercambios comerciales.

La primera regla de la criptografía moderna es nunca confiar en las personas que reclaman cosas sin pruebas. (Matthew Green)

Licenciado en Administración y Dirección de Empresas, Esp. Contabilidad. Máster en Auditoría de Cuentas (1ª parte). Máster en Dirección de Negocios Internacionales. Máster en Planificación empresarial del medioambiente.

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